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20 agosto 2013

Poemas Romanticos de José Maria Souvirón


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Entonces Te Querré

  Cuando la aurora ponga en los caminos
 flores de nieve y témpanos de aromas,
 cuando el rumor de un vuelo de palomas
 en la invernal caricia de los pinos;

  y cuando los redondos remolinos
 se lancen por lo alto de las lomas
buscando calentarse en las redomas
de los profundos pozos cristalinos.

Cuando el viento esté solo en el sendero
dando saltos de escarcha y luna fría,
o patinando en vértigo campero;

cuando la noche luche con el día...,
¡entonces te querré como te quiero,
como quiero quererte, vida mía!















Autor:José Maria Souvirón

06 abril 2011

Poema Enamorados

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Enamorado




Como el rayo de luna en la palmera,
con la voz de la noche clara y fría,
con el olor del mar en la bahía,
con el rumor del agua en la pradera.

Con la alborada y con su luz primera,
con el dorado ardor del mediodía,
y con esta pasión de la voz mía,
te llamo y te reclamo por doquiera.

Te llamo con la calma y con la brisa,
con la piedra, la flor, la lluvia, el trigo,
te llamo con el llanto y la sonrisa,

como el enamorado y el amigo,
con orgullo y piedad, que tengo prisa,
que tengo prisa por estar contigo.















Autor: José Maria Souvirón

11 enero 2011

Tu Nombre - Poema de Amor



Variaciones
De Su Nombre



Ella tenía unos nombres extraños, a mi antojo.
Unos días se llamaba cereza; era redonda y suave,
pequeña y reluciente. No venía en racimo,
sino única y aislada cereza de mi gusto.

Otros días se llamaba paloma,
y era tierna, plumosa, llena de arrullos lentos.
En libertad volaba sobre los altos pinos
para volver cansada a dormir en mis manos.

Otros días se llamaba fuente, y era un prodigio
cantar sosegado, de frescor y de luces.
Cuando yo le agitaba las alas, se reía
con ondas que tardaban un rato en aquietarse.

Otros días se llamaba albahaca, y olía
maravillosamente -sobre todo al crepúsculo-
y era tan delicioso el aire de su aroma
que la ciudad entera parecía perfumada.

Otros días se llamaba lágrima, y daba pena
verla tan pequeñita, resbalando en tibieza
salada, melancólica, sin ganas de jugar
y pensando que sólo estaba por los suelos.

Otros días se llamaba cristal, y la veía
transparente y un poco avergonzada
de que yo la supiera del todo y sin secreto,
sin hablarle siquiera. Y era frágil y pura.

A veces se llamaba niebla, y era tristísimo
ver como todo, en ella y en mí, se hacía invisible.
Andábamos a tientas uno en busca del otro,
pero no nos hallábamos y estábamos distantes.

Otros días se llamaba piedra, y era tan dura
que mis manos sangraban y el amor me dolía.
Cuando ella se llamaba piedra... ( Mejor será
olvidar esos días minerales y oscuros. )

Otros días se llamaba corazón. Daba gusto
verla tan incansable, tan tierna. No podía
casi acercarme a ella por miedo de dañarla,
pero estábamos juntos y nos decíamos cosas.

Otros días se llamaba arcángel. Se perdía
de mi alcance. De pronto yo me encontraba, trémulo,
a la vera de Dios. Todo brillaba tanto,
que pienso que esos días comenzó mi locura.

















Autor: José Maria Souvirón