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07 octubre 2012
Poema Al Indígena
¡Quién sabe!
Indio que asomas a la puerta
de esta tu rústica mansión: .
para mi sed no tienes agua?
¿para mi frío, cobertor?
¿parco maíz para mi hambre?
¿para mi sueño, mal rincón?
¿breve quietud para mi andanza?...
-¡Quién sabe, señor!
Indio que labras con fatiga
tierras que de otros dueños son:
¿ignoras tú que deben tuyas
ser, por tu sangre y tu sudor?
¿ignoras tú que audaz codicia,
siglos atrás, te las quitó?
¿ignoras tú que eres el Amo?...
-¡Quién sabe, señor!
Indio de frente taciturna
y de pupilas sin fulgor:
¿qué pensamiento es el que escondes
en tu enigmática expresión?
¿qué es lo que buscas en tu vida?
¿qué es lo que imploras a tu Dios?
¿qué es lo que sueña tu silencio?
-¡Quién sabe, señor!
¡Oh raza antigua y misteriosa
de impenetrable corazón,
que sin gozar ves la alegría
y sin sufrir ves el dolor:
eres augusta como el Ande,
el grande Océano y el Sol.
Ese tu gesto que parece
como de vil resignación,
es de una sabia indiferencia
y de un orgullo sin rencor..
Corre en mis venas sangre tuya,
y, por tal sangre, si mi Dios
me interrogase qué prefiero
- cruz o laurel, espina o flor,
beso que apague mis suspiros
o hiel que colme mi canción
responderíale dudando:
-¡Quién sabe, señor!
Autor: José Santos Chocano
24 junio 2012
Poemas Al Campesino

Poema Al Sembrador
De aquel rincón bañado por los fulgores
del sol que nuestro cielo triunfante llena;
de la florida tierra donde entre flores
se deslizó mi infancia dulce y serena.
Envuelto en los recuerdos de mi pasado,
borroso cual lo lejos del horizonte,
guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado,
del sembrador más raro que hubo en el monte.
Aún no se si era sabio, loco o prudente
aquel hombre que humilde traje vestía;
sólo sé que al mirarle toda la gente
con profundo respeto se descubría.
Y es que acaso su gesto severo y noble
a todos asombraba por lo arrogante:
¡hasta los leñadores mirando al roble
sienten las majestades de lo gigante!
Una tarde de otoño subí a la sierra
y al sembrador, sembrando, miré risueño;
¡desde que existen hombres sobre la tierra
nunca se ha trabajado con tanto empeño!
Quise saber, curioso, lo que el demente
sembraba en la montaña sola y bravía;
el infeliz oyóme benignamente
y me dijo con honda melancolía:
—Siembro robles y pinos y sicomoros;
quiero llenar de frondas esta ladera,
quiero que otros disfruten de los tesoros
que darán estas plantas cuando yo muera.
—¿Por qué tantos afanes en la jornada
sin buscar recompensa?— dije. Y el loco
murmuró, con las manos sobre la azada:
—«Acaso tú imagines que me equivoco;
acaso, por ser niño, te asombre mucho
el soberano impulso que mi alma enciende;
por los que no trabajan, trabajo y lucho;
si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende!
»Hoy es el egoísmo torpe maestro
a quien rendimos culto de varios modos:
si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro.
¡Nunca al cielo pedimos pan para todos!
En la propia miseria los ojos fijos,
buscamos las riquezas que nos convienen
y todo lo arrostramos por nuestros hijos.
¿Es que los demás padres hijos no tienen?
Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre
y, en las guerras brutales con sed de robo,
hay siempre un fratricida dentro del hombre,
y el hombre para el hombre siempre es un lobo.
»Por eso cuando al mundo, triste, contemplo,
yo me afano y me impongo ruda tarea
y sé que vale mucho mi pobre ejemplo
aunque pobre y humilde parezca y sea.
¡Hay que luchar por todos los que no luchan!
¡Hay que pedir por todos los que no imploran!
¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!
¡Hay que llorar por todos los que no lloran!
Hay que ser cual abejas que en la colmena
fabrican para todos dulces panales.
Hay que ser como el agua que va serena
brindando al mundo entero frescos raudales.
Hay que imitar al viento, que siembra flores
lo mismo en la montaña que en la llanura,
y hay que vivir la vida sembrando amores,
con la vista y el alma siempre en la altura».
Dijo el loco, y con noble melancolía
por las breñas del monte siguió trepando,
y al perderse en las sombras, aún repetía:
—«¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!...»
Autor:Marcos Rafael Blanco Belmonte
Aquí encontrarás más poemas al campesino
Poemas Al Campesino

En las mañanas frías y heladas
y bajo los rayos del sol,
se levanta de madrugada,
a trabajar el sembrador.
Siembra la semilla en la tierra,
cosecha también su producción,
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Al Trabajador de Campo
Hombre de campo que habitas
en la tierra y la cultivas
y recoges el noble fruto
de tierra virgen y suelo bruto.
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Homenaje al Trabajador Campesino

Del suelo brota el tallo
que riega el labrador,
y crece cada día
pidiendo luz al sol.
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Poesía Trabajador Campesino

Gloria al yunque y al arado
que en una mística unción
hacia todos los trabajadores
elevan su gran oración.
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01 junio 2012
Poemas Al hombre De Campo

Hombre y Arado
Van los tardos bueyes, paso sobre paso,
bajo los ardores del ardiente sol;...
van por la llanura cuyo campo raso
hace tiempo huellan, paso sobre paso,
a la voz amiga de su conductor.
Van a la frescura del abrevadero
dos angustiosos; presas de la sed
arando el campo medio día entero,
del sol de agosto bajo el gran brasero,
¡marchan a las aguas del abrevadero
aliviar el fuego del bochorno cruel!
¡Vaya un sol quemante; cómo da en la testa
en el amplio lomo del paciente buey,
el que no descansa porque no protesta,
el que siempre lleva sobre lomo y testa
gran pesadumbre de la eterna ley!
Débiles los miembros, las fauces jadeantes,
marchan lentamente como en procesión,
los enormes cuerpos casi vacilantes,
queriendo rendirse tristes y jadeantes,
la escasa alfombra del seco pajón.
Con sus grandes ojos, mansos y conformes,
del camino miran al linde final,
la enfilada tropa de árboles enormes,
donde fatigados, mansos y conformes
gozarán un rato de tranquilidad.
¡Qué gigante lucha de este medio día!
¡Cuántas desazones! ¡Vaya un bravo arar!
Para abrir el surco, ¡qué triste agonía!
¡Y aún están los músculos para medio día
que el arado espera para trabajar!
Aún los troncos firmes de las firmes astas
sentirán el yugo largas horas más;
y halando el arado por las tierras vastas,
conquistando fuerzas alzarán las astas
al "¡oh de los bueyes!" de su capataz.
Darles grandes fuerzas al Señor le plugo,
músculos de acero, bríos de titán,
y aunque desfallezcan bajo el recio yugo,
son los elegidos y al Señor le plugo
darles una vida para trabajar.
Si no dan sus fuerzas para esas fatigas,
¿qué se harán los sueños del cultivador
que ha soñado un campo de rubias espigas?;
si no dan mis fuerzas para esas fatigas,
¿quién limpia la tierra de cardos y ortigas,
para los milagros de la producción.
Si lo quiere el amo para sus riquezas
y lo exige el látigo del buen conductor,
es indispensable preparar las fuerzas,
¡resistir el yugo sobre las cabezas,
dando al amo frutos para sus riquezas,
recibiendo en cambio su agua y su pajón...!
¿Y a qué más alto anhelo? ¿No está remunerado
su amargo sufrimiento, su eterno trabajar?
En cambio de las horas eternas del arado,
¿no están una miseria de tiempo en el cercado,
mientras el amo apura su vino y su manjar?
Descansarán ahora, por término marcado,
y luego ¡a la faena penosa volverán...!
¡Volverán los bueyes, paso sobre paso,
bajo los ardores del ardiente sol,
por la gran llanura cuyo campo raso,
hace tiempo huellan, paso sobre paso,
a la voz amiga de su conductor...!
Autor: Federico Bermúdez y Ortega
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POEMAS A LA TIERRA - ECOLOGÍA
CONCIENCIA AMBIENTAL
(Arjona Delia)
Nuestra tierra no cuidamos
y si pronto no cambiamos
¡las especies morirán!
Los desastres naturales
son ejemplos de señales
del descuido que le dan.
El medio ambiente se queja
porque el hombre despelleja
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Varios Poemas Ecológicos
¡Salvemos a la pachamama!
(Arjona Delia)
No puedo cerrar mis ojos,
se me oprime tanto el alma,
¡Grito al mundo y fuerte clamo,
que cuiden la Pacha Mama!
¡No existen ya más las fuentes,
de las cristalinas aguas!,
¡Entiendan mi reacción
y el por qué de mis palabras!
Residuos contaminantes,
sobre el planeta derraman,
ORACIÓN A LA PACHAMAMA
(Arjona Delia)
Pachamama, Pachamama,
hoy tu gente te aclama
para las gracias mostrar.
Ceremonia de atributos
agradeciendo tus frutos
¡te exaltan en el altar!
Eres tierra poderosa
que se entrega generosa
dándonos fertilidad.
Deslumbras con tu belleza,
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Versos para mi Tierra
SEMBRANDO CONCIENCIA
(Arjona Delia)
Qué triste ver a mi Tierra
destruida y arruinada,
qué triste ver al humano
indiferente abandonarla.
Son crueles irracionales,
corazones infectados
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