07 octubre 2012

Poemas Al Indigente Mendigo



















EL MENDIGO

Mío es el mundo:
como el aire libre,
otros trabajan
porque coma yo;
todos se ablandan
si doliente pido
una limosna
por amor de Dios.

El palacio, la cabaña
son mi asilo,
si del ábrego el furor
troncha el roble en la montaña,
o que inunda la campaña
El torrente asolador.

Y a la hoguera me hacen lado
los pastores con amor.
Y sin pena  y descuidado
de su cena ceno yo,

o en la rica chimenea,
que recrea con su olor,
me regalo codicioso
del banquete suntüoso
con las sobras de un señor.

Y me digo: el viento brama,
caiga furioso turbión;
que al son que cruje
de la seca leña,
libre me duermo
sin rencor ni amor.

Mío es el mundo
como el aire libre...
Todos son mis bienhechores,
y por todos a Dios
ruego con fervor;
de villanos y señores
yo recibo los favores
sin estima y sin amor.

Ni pregunto quiénes sean,
ni me obligo a agradecer;
que mis rezos si desean,
dar limosna es un deber.

Y es pecado la riqueza:
la pobreza santidad:
Dios a veces es mendigo,
y al avaro da castigo,
que le niegue caridad.

Yo soy pobre y se lastiman
todos al verme plañir,
sin ver son mías sus riquezas todas,
qué mina inagotable es el pedir.
Mío es el mundo: como el aire libre...

Mal revuelto y andrajoso,
entre harapos
del lujo sátira soy,
y con mi aspecto asqueroso
me vengo del poderoso,
y a donde va, tras él voy.

Y a la hermosa que respira
cien perfumes, gala, amor,
la persigo hasta que mira,
y me gozo cuando aspira
mi punzante mal olor.

Y las fiestas y el contento
con mi acento turbo yo,
y en la bulla y la alegría
interrumpen la armonía
mis harapos y mi voz:

Mostrando cuán cerca habitan
el gozo y el padecer,
que no hay placer sin lágrimas,
ni pena que no traspire
en medio del placer.

Mío es el mundo; como el aire libre...
Y para mí no hay mañana, ni hay ayer;
olvido el bien como el mal,
nada me aflige ni afana;
me es igual para mañana
un palacio, un hospital.

Vivo ajeno de memorias,
de cuidados libre estoy;
busquen otros oro y glorias,
yo no pienso sino en hoy.
Y do quiera vayan leyes,
quiten reyes, reyes den;

yo soy pobre, y al mendigo,
por el miedo del castigo,
todos hacen siempre bien.
Y un asilo donde quiera
y un lecho en el hospital
siempre hallaré, y un hoyo donde caiga
mi cuerpo miserable al espirar.

Mío es el mundo: como el aire libre,
otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan, si doliente pido
una limosna por amor de Dios.










Autor: José de Espronceda