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29 diciembre 2011

Poemas de Año Nuevo

imagen año nuevo















Noche Vieja


Y ahora, madre,
que tan sólo tengo las doce uvas de la Noche Vieja,
hoy que exprimo las uvas de los meses
sobre el recuerdo de la viña seca,
siento que toda la acidez del mundo
se está metiendo en ella,
porque tienen el ácido de lo que
fue dulzura las uvas de la ausencia.

Y ahora me pregunto:
¿Por qué razón estoy yo aquí?
¿Qué fuerza pudo más que tu amor,
que me llevaba a la dulce aninomia de tu puerta?
¡Oh miserable vara que nos mides!
¡El Renombre, la Gloria...,
pobre cosa pequeña!

¡Cuando dejé mi casa para buscar la Gloria,
cómo olvidé la Gloria que me dejaba en ella!
Y esta es la lucha ante los hombres malos
y ante las almas buenas; yo soy un hombre
a solas en busca de un camino.

¿Dónde hallaré camino mejor que la vereda
que a ti me lleva, madre; la verdad que corta
por los campos frutales, pintada de hojas secas,
siempre recién llovida, con pájaros del trópico,
con muchachas de la aldea, hombres que dicen:
«Buenos días, niño»,
y el queso que me guardas siempre para merienda?
Esa es la Gloria, madre, para un hombre
que se llamó fray Luis y era poeta.

¡Oh mi casa sin cítricos, mi casa donde puede mi poesía
andar como una reina!
¿Qué sabes tú de formas y doctrinas, de metros y de escuela?
Tú eres mi madre, que me dices siempre que
son hermosos todos mis poemas;
para ti, soy grande; cuando dices mis versos,
yo no sé si los dices o los rezas...

¡Y mientras exprimimos en las uvas del Tiempo
toda una vida absurda, la promesa de vernos
otra vez se va alargando, y el momento de irnos está cerca,
y no pensamos que se pierde todo!

¡Por eso en esta noche, mientras pasa la fiesta
y en la última uva libo la última gota del año que se aleja,
pienso en que tienes todavía, madre, retazos de
carbón en la cabeza, y ojos tan bellos que por mí
regaron su clara pleamar en tus ojeras,
y manos pulcras, y esbeltez de talle,
donde hay la gracia de la espiga nueva;
que eres hermosa, madre, todavía, y yo estoy
loco por estar de vuelta,
porque tú eres la Gloria de mis años
y no quiero volver cuando estés vieja!...

Uvas del Tiempo que mi ser escancia
en el recuerdo de la viña seca, ¡cómo me pierdo, madre,
en los caminos hacia la devoción de tu vereda!
Y en esta algarabía de la ciudad borracha,
donde va mi emoción sin compañera, mientras
los hombres comen las uvas de los meses,
yo me acojo al recuerdo como un niño a una puerta.

Mi labio está bebiendo de tu seno, que es el racimo
de la parra buena, el buen racimo que exprimí
en el día sin hora y sin reloj de mi inconsciencia.

Madre, esta noche se nos muere un año;
todos estos señores tienen su madre cerca,
y al lado mío mi tristeza muda tiene
el dolor de una muchacha muerta...

Y vino toda la acidez del mundo a destilar
sus doce gotas trémulas,
cuando cayeron sobre mi silencio
las doce uvas de la Noche Vieja.









Autor: Andrés Eloy Blanco

22 marzo 2010

Poemas de Amor _ Silencio

pareja+mar+enamorados















Silencio



Cuando tú te quedes muda,
cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos
y el silencio.

Cuando tú te pongas vieja,
cuando yo me ponga viejo,
nos quedarán los labios
y el silencio.

Cuando tú te quedes muerta,
cuando yo me quede muerto,
tendrán que enterrarnos juntos
y en silencio;

y cuando tú resucites,
cuando yo viva de nuevo,
nos volveremos a amar
en silencio;

y cuando todo se acabe
por siempre en el universo,
será un silencio de amor
el silencio.






Autor: Andrés Eloy Blanco

Poemas al Mar - Regreso al Mar

mar+olas
















Regreso al Mar



Siempre es el mar donde mejor se quiere,
fue siempre el mar donde mejor te quise;
al amor, como al mar, no hay quien lo alise
ni al mar , como al amor, quien lo modere.

No hay quien como la mar familiarice
ni quien como la ola persevere,
ni el que más diga en lo que vive y muere
nos dice más de lo que el mar nos dice.

Vamos de nuevo al mar; quiero encontrarte
la hora más azul para besarte
y el lugar más allá para quererte.

Donde el agua es al par agua y abismo,
en la alta mar, en donde el aire mismo
se da un aire al amor y otro a la muerte.






Autor: Andrés Eloy Blanco